El reloj biológico

Aunque mi pareja y yo siempre habíamos estado de acuerdo en que queríamos ser padres, era más bien uno de esos objetivos a largo plazo, una de esas cosas que te gustaría llevar a cabo cuando llegue el momento, pero que ahora mismo… ahora mismo… ahora mismo realmente no es buen momento.

Parece que la sociedad actual está diseñada para impedir que llegue ese momento. Hablar de conciliación es hablar de esas historias de las que todo el mundo habla, porque les han dicho que dicen que en algún lugar hay alguien que conoce a alguien que consiguió teletrabajar para poder adaptarse a los horarios de sus hijos, o que renunció a buena parte de su sueldo para reducirse la jornada y poder pasar más tiempo con ellos, incluso dicen que hay quien se pidió una excedencia para criar a sus hijos full-time durante su primer año de vida. Afortunadas excepciones en definitiva. Porque no en todos los trabajos es posible trabajar desde casa, y porque aunque fuese posible, pocos empresarios son partidarios de ello y porque señores, salir a las seis de la tarde del trabajo, no es un horario que permita la conciliación, por mucho que algunos nos lo intenten vender como el objetivo deseable para conseguir la conciliación y mucho menos a las ocho o incluso a las diez.  Tampoco todas las familias se pueden permitir que sus ingresos se reduzcan tras la llegada de un miembro nuevo, y mucho menos prescindir de un salario por completo. Por otro lado, olvídate de buena parte del ocio que te gusta, de viajar en temporada baja, de planes y escapadas de última hora saliendo prácticamente con lo puesto, de ir al cine a ver cualquier película que te llame la atención sin tener que atender a la clasificación por edades, o simplemente de llegar del trabajo e irte al gimnasio, o a correr para terminar el día cenando cualquier cosa delante del sofá viendo tu serie favorita. Ninguno de estos planes incluye canciones de cuna, correpasillos, piscinas de bolas ni parques con columpios.

Cuando entré en la treintena y tras algún contratiempo inesperado, una especie de run-run empezó a sonar cada vez más alto en mi cabeza. Vale, queremos ser padres, eso lo tenemos claro, pero cuándo. Si solo queremos tener uno niño todavía podemos esperar unos años, porque vale, estamos dispuestos a renunciar a todas esas cosas, pero cuanto más tarde mejor, ¿no?, pero,¿y si queremos tener más?, ¿y si cuando nos pongamos a ello no llega?, ¿y si simplemente tarda más en llegar de lo esperado? ¿Será esto mí reloj biológico? ¡Mierda! Pero si todavía nos quedan muchos viajes por hacer antes de ser padres, y justo ahora que me  iba a poner en forma, pero si me acabo de cambiar de trabajo… ¡No es buen momento!

Así que resultó que ese run-run era más bien un tic-tac y señores, cunado ese tic-tac empieza a sonar no hay forma de silenciarlo, no tiene función ‘snooze’ para que suene dentro de un par de años. 

Llegados a este punto, Rubens y yo nos dimos cuenta de que ese momento que estábamos esperando no dependía de cuantos destinos nos quedaban en el tintero por visitar, ni de cuantos propósitos nos hicimos en Noche Vieja para el año en curso ni de como nos fuesen las cosas en el trabajo, ese momento llegaría cuando nosotros quisiésemos realmente que llegase, y ese momento había llegado. El reloj biológico nos había echado un pulso y lo había ganado sin despeinarse. Solo nos quedaba ponernos manos a la obra y eso hicimos. No puedo decir que la cigüeña atendiese nuestra llamada a la primera, pero pasados unos meses el poco romántico hecho de hacer pis sobre un palito, nos dio la noticia más importante de nuestras vidas: íbamos a ser padres. La maquinaria ya estaba en marcha, ya no había marcha atrás. ¡Esto iba en serio! Nueve meses después, la predicción de ese palito se hizo realidad, nuestro hijo Guille llegó al mundo y de una forma totalmente inesperada nos hizo sentir las personas más especiales del planeta. Estaba ahí, era perfecto y lo habíamos hecho nosotros. La sensación fue inexplicable.

Lo cierto es que ahora solo puedo agradecer a ese reloj, que tan poco gracia me hizo en su día, que nos marcase el camino para encontrar nuestro momento. Ser padres está siendo la experiencia más enriquecedora de nuestras vidas y ahora me doy cuenta de que no implica una renuncia de todas esas cosas que queríamos hacer, simplemente tenemos que dejar de condicionar lo que es nuestro modo de vida a esas cosas para conseguir que sean esas cosas las que se adapten a nuestro modo de vida. Mucho más razonable, ¿No creéis?

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